Amor Divino

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el amor divino – Samuel Clark

Queridos amigos del Camino:

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios. ” I Juan 3:1

Aquí, como siempre en las cosas espirituales, todo depende de nuestras definiciones. El mundo define el amor como la satisfacción de los deseos de los ojos, los deseos de la carne o de la vanagloria. Cuando una persona, posición o posesión satisface estos tres aspectos de la carne que el mundo ofrece en cada anuncio de su propaganda, entonces una persona carnal diría que “ama” a esa persona, posición o posesión. Cuando alguien del mundo dice “yo te amo” en realidad está diciendo “tú estás satisfaciendo los aspectos de mi naturaleza carnal.” Por esto el amor del mundo es tan frágil. Si dejas de satisfacer una de esas áreas, aquella persona te dejar á de amar.

¿Recuerdas cómo en el colegio las parejas terminaron? Algunas tenían la suficiente honestidad de confesar, “Encontré a alguien mejor.” ¿Mejor en qué sentido? Mejor en satisfacer esos deseos de la naturaleza carnal. Por eso es tan difícil para cualquiera mantener el amor de otro con tantos competidores dispuestísimos a hacer casi cualquier cosa para conseguir “amor”. El amor del mundo es definitivamente un amor basado en lo que hacemos. Si dejas de satisfacer los deseos carnales de tu hijo, le escucharás decir “Ya no te quiero”. El esfuerzo involucrado en ganar y mantener el amor de alguien es exhaustivo, nunca termina y últimamente desilusiona. En el mundo cuando alguien dice que te ama, eso implica que deberías seguir haciendo lo que le satisface. Pero el problema es que la carne es como el fuego que nunca se satisface. Como un niño de 10 años come más que uno de dos meses, en la misma naturaleza de la carnalidad hay un hambre creciente. Lo que ayer satisfizo no lo hará hoy.

Esa frase temida, “Ya no te amo”, está siempre en el horizonte. Cuando alimentamos la carne por la satisfacción de los deseos carnales, creamos más deseo que no puede ser satisfecho y esto finalmente lleva al rechazo. Todo eso es el bagaje que nuestra definición de “amor” trae cuando un día conocemos a Jesús y le oímos susurrar “Te amo”.

“¡ Me ama!” Pero, ¡ay de mí! Ahora tendré que hacer mucho más. Tendré que satisfacer todas Sus “necesidades”. El “necesita” que yo sea perfecto, santo, justo, sin mancha, perdonador, generoso, consistente, puro, libre de concupiscencias, etc.” Así pensamos cuando leemos la Biblia con la definición mundana del amor. La lista es interminable e inalcanzable si creo que tengo que hacer cosas para mantener mi relación con El. Al principio tratamos de producir todo aquello que pensamos ser necesario pero la carne pronto se cansa y tarde o temprano fallamos. Así esperamos la terminación de la relación. Cuando El nos dice “Te amo” no le creemos. Recordamos tantas relaciones humanas de nuestro pasado cuando alguien nos dijo eso y luego encontramos que estaba con otro. El problema es que no sabemos qué es el amor verdadero. Si tuviéramos la revelación de Su amor, todo cambiaría.

Es mejor experimentarlo que describirlo, pero trataré de describirlo. Su amor es un absoluto. Es un amor que puede estar firme solo. No necesita alimentación ni satisfacción. No depende de ti. Como un árbol es un árbol y un hombre es un hombre y el sol es el sol, el amor es el amor. Nada que sucede aquí en la tierra afectará la naturaleza del sol. El sol es él solo. Existe solo. No brilla condicionalmente. Dios es Amor. El amor es Su carácter mismo. Si tus acciones pudieran cambiar Su amor, entonces tu conducta podría cambiar a Dios. Pero Dios es invariable. “Jesucristo, el mismo ayer, hoy y por los siglos.” ¿Crees que eres mayor que Dios? ¿Crees que tus acciones pueden cambiar la misma naturaleza divina? El siempre será paciente y bondadoso, nunca será arrogante o abusivo, siempre buscará tu bien, no se irritará, te sufrirá todo, cree en ti, esperará en ti y te soportará. Hemos tratado de merecer, comprar, ganar amor de otros y ahora viene Jesús que nos ama incondicionalmente. El no puede ser diferente El es amor. Esta revelación cambiará todo para ti.

En nuestra búsqueda de amor nos hemos cansado tratando de hacer todo lo que otros demandaban, compitiendo por su amor y culpando a otros y a nosotros mismos cuando fracasamos. Los que se destacan en esta búsqueda son los artistas, los políticos, los campeones y los exitosos. Al final morirán con una sobredosis de drogas, soledad, amargura, etc. En verdad, si no conocemos este amor incondicional divino, estaremos atrapados en el esfuerzo eterno de conseguir el amor humano. Uno de los resultados de esto en las vidas de los que han sufrido el rechazo es que tratan de ganar el amor de alguien más para vencer esos sentimientos dañados. Aun cuando evitamos el contacto con otros estamos viviendo para los hombres. Una vez que tengamos una revelación del amor de Dios, nada más nos importará.

Cuando una mujer oye a su esposo carnal decir que ella no llena sus necesidades y que la está dejando para unirse a otra, eso sí duele. Pero si conoce el amor de Dios, no será un dolor de rechazo sino por el hecho de que el amor de pareja fuera tan superficial que nunca pasó de ser carnal. Pero ella puede responder, “Dios me ama.” No son palabras solamente, es un hecho. El amor divino supera el rechazo carnal. Pero esto debe ser por revelación.

Una opinión basada en “el lavado de coco” de este mundo nos hace pensar que si no hemos sido un éxito como otros Dios no nos puede amar. Pero la revelación que dice “Dios me ama” supera cualquier debilidad, falta o fracaso nuestro. El amor divino no puede ser ganado ni perdido por nuestro éxito o fracaso. Sólo puede ser disfrutado por la fe. No importa lo que hayas sido hasta hoy o lo que serás mañana, puedes decir “Dios me ama”.

Saber que Dios te ama suaviza cada golpe de la vida. Te dejan afuera….Dios te ama. Perdiste un año en la universidad…Dios te ama. No hiciste lo que podías haber hecho…Dios te ama. El mundo no puede recibir Su amor porque escucha algo diferente (según su definición): “Dios me amará si yo……..” Aceptar esa definición nos hará considerar Su amor como algo que no es y lo devaluamos. Caeremos en la trampa de tratar de ganar lo que ya tenemos.

Dios ha estado tratando de enseñarte algo por muchos años. El nunca te dejó ni te abandonó. Cuando eras infiel, El seguía fiel. Pero no lo creíamos porque nuestra definición del amor no fue la correcta. Esa definición es por revelación y muchos no la han recibido. Si no la tienes, si no la crees, pídela. Te libertará. ¡DIOS TE AMA!
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El Otro Lado del Asunto

“Pues este es el amor a Dios, que guardemos Sus mandamientos;
y Sus mandamientos no son gravosos.” – I Juan 5:3

Es necesario creer que Dios nos ama pero es también muy importante amarle a El como la repuesta a Su amor. “Nosotros le amamos a El porque El nos amó primero” (I Juan 4:19). Lo único que podemos hacer por El es amarle. Pero necesitamos amarle con esta definición bíblica: Guardar Sus mandamientos. No es una emoción o sentimiento sino una obediencia por libre albedrío lo que El busca en Sus hijos. En otro pasaje leemos, “El que tiene mis mandamientos y los guarda, éste es el que me ama…” (Juan 14:21).

¿Por qué dice que Sus mandamientos no son gravosos? Porque son básicamente dos: “Y este es Su mandamiento: que creamos en el nombre de Su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros” (I Juan 3:23). Jesús pudo reducir los Diez Mandamientos en sólo dos: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” y “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37 y 39). Juan nos explica cómo cumplir el primer y gran mandamiento en la fe personal en el nombre del Hijo de Dios y el segundo en el amarnos unos a otros. Jesús hizo aún más claro lo que significa ese segundo en Sus palabras, “Un mandamiento nuevo os doy, que os améis unos a otros, como Yo os he amado, que os améis los unos a los otros” (Juan 13:34).

Así vemos que el amor es todo lo que Dios busca en nosotros. Para lograrlo, tuvo que amarnos primero y lo hizo en la dádiva de Su Hijo para que le creamos, amemos en respuesta y así amemos a todos como El nos ha amado.

Todos los problemas del mundo entero serían resueltos si el amor reinara en cada corazón. El amor busca el bien del otro y no es egoísta. Lo opuesto del amor no es el odio sino el egoísmo. El odio, el rencor, la venganza, la violencia, el abuso y toda mala acción son síntomas del egoísmo. Cuando creemos en Cristo como Señor y Salvador, El nos envía Su Espíritu para morar en nuestro corazón. El Espíritu Santo es el único que puede producir el amor desinteresado y darnos no sólo el deseo sino el poder para amar (Fil. 2:13). Si andamos en el Espíritu y no en la carne vamos a amar. Cuando amamos a otros, en verdad le estamos amando a Dios.

Cuando nos damos cuenta de que nuestra obediencia es el reflejo externo de nuestro amor a Dios es menester recordar que aunque nuestro amor puede fluctuar mucho, el amor de Dios es siempre el mismo hacia nosotros. Lejos de tomar esa actitud de algunos, “¿Qué, pues? ¿Pecaremos porque no estamos bajo la Ley sino bajo la gracia?” (Rom. 6:15), nosotros debemos reconocer que nuestra obediencia es la señal de que somos los hijos de Dios. Pero el otro extremo del legalismo es igualmente malo, pues, cambia el énfasis de la gracia del amor de Dios a las obras nuestras. Ese equilibrio sólido de “la fe que obra por el amor” (Gál. 5:6) es el mensaje que nos libera del libertinaje y del legalismo.

Con estos dos pensamientos de Su gran amor y nuestra obediencia podemos entender el mensaje de toda la Biblia, pero debemos recordar que es una revelación progresiva que va aclarándose cada vez más desde Génesis hasta los pasajes finales de Apocalipsis. Nos sirven de guías fieles para el Camino.

Abrazos, Samuel