Cachorros

Recursos Gratuitos para el Discipulado: Seguimiento y Capacitación

cachorros – Samuel Clark

Queridos amigos del Camino:

Todos conocemos la historia de la unción de David como Rey de Israel, cómo Dios envió al profeta Samuel a la casa de Isaí en Belén. Sólo le dijo que ungiera a uno de los hijos de Isaí, sin decirle cuál. Naturalmente, el orgulloso padre presentó primero a su primogénito, el guapo Eliab. Tan fuerte y de buen aspecto era que Samuel dijo dentro de sí: “Este tiene que ser el elegido”. Pero Dios le dijo: “No mires a su apariencia, ni a lo alto de su estatura, porque lo he desechado: pues Dios ve no como el hombre ve, pues el hombre mira la apariencia exterior, pero el Señor mira el corazón” (I Samuel 16:1-7). Después de pasar a todos los hijos que estaban en casa por fin mandó a traer a David de su labor como pastor de ovejas. Dios le dijo a Samuel: “Este es”. David también era guapo, pero Dios dijo que era un hombre según Su propio corazón que har ía todo lo que Dios le ordenara (Hechos 13:22).

Nosotros juzgamos por lo de afuera. Dios juzga por lo interna, lo del corazón. Nuestros criterios se basan en la apariencia, lo que puede hacer, cómo habla y su experiencia (especialmente sus éxitos) pero no sabemos cómo es su corazón. Nada de lo que nos impresiona es importante para Dios si el corazón está lleno de orgullo, prejuicios, temores, dudas, lujurias, etc. Dios sabe que lo que está en el corazón va a salir un día de estos.

Déjenme compartir una historia que me fue pasado recientemente.

El dueño de una tienda estaba colocando un anuncio en la puerta que decía: “Cachorros en Venta” Esa clase de anuncios siempre atraen a los niños, y pronto un niñito apareció preguntando: ¿Cuál es el precio de los perritos? El dueño contestó: Entre $30 y $50. El niñito metió la mano en su bolsillo y sacó unas monedas. Sólo tengo $2.37. ¿Puedo verlos? El hombre sonrió y silbó. De la trastienda salió su perra corriendo, seguida por cinco perritos. Uno de los perritos estaba quedándose considerablemente atrás. El niñito inmediatamente señaló al perrito rezagado que cojeaba. ¿Qué le pasa a ese perrito? preguntó. El hombre le explicó que cuando el perrito nació, el veterinario le dijo que tenía una cadera defectuosa y que cojearía por el resto de su vida. El niñito se emocionó mucho y exclamó: ¡Ese es el perrito que yo quiero comprar! El hombre le explicó: No, tú no vas a comprar ese cachorro, si tú realmente lo quieres, yo te lo regalo. Y el niñito se disgustó y mirando directo a los ojos del hombre le dijo: Yo no quiero que Ud. me lo regale, el vale tanto como los otros perritos y yo le pagaré el precio completo. De hecho, le voy a dar mis $2.37 ahora y 50 centavos cada mes hasta que lo haya pagado completo. El hombre contestó, tú en verdad no querrás comprar ese perrito, hijo. El nunca será capaz de correr y saltar y jugar como los otros perritos. El niñito se agachó y se levantó su pantalón para mostrar su pierna izquierda cruelmente retorcida e inutilizada, soportada por un gran aparato de metal. Miró de nuevo al hombre y le dijo: Bueno, yo no puedo correr muy bien tampoco, y el perrito necesitará a alguien que lo entienda. El hombre estaba ahora mordiéndose el labio, y sus ojos se llenaron de lágrimas. Sonrió y dijo: Hijo, sólo espero y le pido a Dios que cada uno de estos cachorros tenga un dueño como tú.

Y tú… ¿aprecias lo que ves externamente, o lo que hay interiormente?

¿Ven qué peligroso es juzgar por las apariencias? Muchos de los hombres famosos de la Biblia no eran ganadores de premios Nobel, ni competencias atléticas, ni sobresalían en la sociedad. Al contrario. Moisés tartamudeaba. Aarón fue débil de carácter. Gedeón dudaba mucho. Saúl era demasiado tímido, pero en las manos de Dios fueron héroes que aparecen en el Salón de la Fe en Hebreos 11. ¿Qué tenían todos en común? Una fe que obedecía. ¿La tienes tú? ¿La tienen tus líderes y compañeros? Espero que sí porque si no, Dios no puede usarlos.

La obra de Dios se hace con cualquiera que le crea lo suficientemente para obedecerle. Para ir en contra de la corriente de la cultura, las modas, las opiniones de sus amigos y familiares. Para obedecerle cuando todo el cuerpo y alma quieren hacer lo contrario a Su voluntad. Para usar la Palabra de Dios como su única guía y ejemplo.

Mis amigos, ésta es la persona que Dios usa. María y José eran así. Juan Bautista también. Pedro y los demás apóstoles siguieron los pasos de su maestro Jesús. Pablo lo hizo. Tantas otras personas ordinarias o con grandes impedimentos han sido Sus siervos fieles y útiles. Tú también puedes… si tienes una fe que obedece.

El autor C. S. Lewis, intelectual inglés muy famoso, dijo: “Nunca he conocido a una persona común o inútil”. Todas las personas tienen esa chispa de vida y utilidad que las marca como creaciones de Dios. Dios no hace nada común o sin propósito. Con todas sus debilidades, problemas, impedimentos y faltas, son creaciones del Hacedor que pronunció que toda Su creación era buena. Arruinada tal vez por los estragos del pecado de sus padres y por los suyos también, pero El puede hacerlos nuevas criaturas hechas para buenas obras. Con un poco de amor y la Palabra de Dios pueden llegar a ser todo lo que El quiso que fueran. Esta es nuestra parte en Su Plan: acercarles a Aquel que les ama y les quiere usar. Podemos ser Sus instrumentos de gracia para que lleguen a ser Sus hijos y siervos. Esta visión del hombre, aun en su pecado, como alguien que vale el supremo precio de la sangre de Jesucristo, amado por Dios y con una potencial enorme, es lo que nos conmueve a tratar a cada persona que encontramos en el camino de la vida como alguien especial.

Abrazos. Samuel