Cataratas Espirituales

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cataratas espirituales – Samuel Clark

Queridos amigos del Camino:

Hay una enfermedad que afecta la vista de personas normalmente avanzadas en edad llamada “Catarata del Ojo”. Poco a poco empieza a nublarse la vista sin que el vidente lo note mucho. Pero las cataratas pueden llegar a ser capas tan gruesas y oscuras que uno queda legalmente ciega. No puede leer, manejar bien, o vivir como antes.

Me parece que hay unas cataratas espirituales también que afecta la vista. Por ende, cristianos que antes veían todo claramente ahora no ven las cosas igual. Tampoco se dan cuenta de ello hasta quedarse casi ciegos. Pero hay síntomas, advertencias tempraneras que deberían motivarles a buscar una solución. Se dan golpes con los muebles de la casa, o sea, esos “choques de personalidad” que ocurren en la familia, con amigos del grupo o con vecinos. Tienen que ponerse bajo una luz fuerte, o sea, solamente pueden entender algo si es un gran maestro de la Palabra quien les habla. Tienen que comprar lentes cada vez más fuertes, o sea, sólo quieren leer libros cristianos, no la Biblia con su letra tan chiquitilla. Ya creo que me entienden.

La lástima es que esta ceguera lenta ocurre en todas las edades espirituales. No sólo los cristianos con muchos años son susceptibles. Los de todas las edades pueden desarrollarlas. Así es que cada quien debe en primer lugar cuidarse a sí mismo de las cataratas espirituales, y motivar a otros a hacer lo mismo.

Por esta razón deberíamos estar reuniéndonos regularmente con otros cristianos, como dice Hebreos 10:24,25:

“Y consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca.”

Me parece que las cataratas más comunes en la vida cristiana son la falta de amor y la falta de buenas obras. Aunque hay otras “faltas” que nos ciegan igual, estas dos son de importancia esencial. ¿Por qué? El mandamiento nuevo que Cristo nos dio fue “que os améis los unos a los otros; que como Yo os he amado; así también os améis los unos a los otros” (Juan 13:34,35). Y, “fuimos creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10). Aquí tenemos las indicaciones de lo que es una vida cristiana verdadera, sana y “normal”.

¿Por qué es un problema amar como Cristo amó? Lo opuesto al amor no es el odio. Ese es sólo un síntoma de la enfermedad fatal que es el egoísmo. El ego es un término sicológico que popularizó Sigmund Freud. Lo uso porque creo que todos entendemos qué es aquel “yo” que quiere que todo gire alrededor de él y le sirva a él. El término bíblico es “el viejo hombre”, lo que “éramos” sin Cristo. Pero con Cristo debiera ser diferente porque “con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios…” (Gál. 2:20). Noten, amigos, dos cosas: la cruz y la fe. La cruz sólo puede ser aplicada y vivida experimentalmente por la fe. Tengo que creer que mi viejo hombre fue crucificado juntamente con Cristo “para que nuestro cuerpo del pecado fuera destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado” (Rom. 6:6).

Si el Ego/Yo está reinando en mí todavía, el amor de Cristo no puede fluir por mi ser. Lo que fluye es la carne pecaminosa, y fluye como raudal en tiempos de lluvia. El amor no puede existir en el grado que Cristo manda cuando el Ego/Yo está vivo. La cruz se aplica por la fe.

Con una decisión escogemos la vía crucis nuestra, muriendo a lo que nosotros queremos, preferimos, planeamos y demandamos, para poder hacer Su voluntad. Cristo murió en una cruz espiritual antes de morir en aquella de madera cuando dijo “… no lo que Yo quiero sino lo que Tú quieres, Padre.” Si no llegamos a esta cruz el Ego/Yo sigue muy vivo y saludable.

¿Por qué no hacemos buenas obras? Por la falta de amor a Dios y a los demás. La pereza, la vida estática de los placeres, la inercia del amor propio que no quiere cambiar, etc., son las causas de esta catarata espiritual. No debería sorprendernos oír que el mismo remedio, visto de otro ángulo, es nuestra única salida del egocentrismo. Pablo dijo:

“Pues el amor de Cristo nos apremia, habiendo llegado a esta conclusión: que uno murió por todos, por consiguiente, todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (II Cor. 5:14,15).

Habiendo pensado correctamente, o sea, con Dios, Pablo ya pudo ver el tremendo valor de la vida y muerte de Cristo que fue la expresión de Su amor infinito por nosotros. El resultado fue la decisión de aceptar su propia muerte y vivir sólo para Dios y Su Reino. Por eso pudo decir: “… si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas” (vs.17). También era lógico decir, “Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; en nombre de Cristo os rogamos: ¡Reconciliaos con Dios!” (vs.20).

Amigos, no me canso de decirles que la Cruz es el remedio de Dios para todo lo que nos afecta. Por ella podemos ser perdonados por nuestros pecados (Efesios 1:7). Por ella podemos ser librados del poder y dominio del pecado para vivir la nueva vida en justicia con Cristo (Rom. 6:11-19). Esta es la “operación” que nos libra de las cataratas espirituales. ¡Qué buena noticia! ¡Podremos ver otra vez!

Amigo, si piensas que tienes cataratas en los ojos de tu corazón, acude al Doctor Jesús y Su Cruz. El puede quitarlas y darte la vista clara.

Abrazos,
Samuel