La Infelicidad

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la infelicidad – Samuel Clark

Queridos amigos del Camino:

¿Cómo contestaríamos a alguien que nos preguntara si estamos felices o contentos? Probablemente si todo va bien, si no tenemos ningún problema grave, si estamos bien de salud, si no tenemos conflictos con nadie, etc., la respuesta sería: Sí, señor. Pero si alguien nos preguntara en algún momento por qué estamos infelices o descontentos, muchas veces tendríamos que confesar que es porque las cosas no van como nosotros quer íamos, esperábamos y pedíamos.

Este pequeño examen demuestra cuán egoístas somos en cuanto a nuestra felicidad o contentamiento. Es muy humano ser egoísta en esta área de los sentimientos. Pero no es una respuesta guiada por el Espíritu de Dios. Es de nuestra carne. El peligro es que no hay mucha distancia entre esta obra de la carne y cualquier otra mencionada en Gálatas 5:19-21. ¡Y algunas de ellas son espantosas! Adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disenciones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías y cosas semejantes a éstas. Lo malo de esto es que los que practican “tales cosas” no heredarán el Reino de Dios. Alguno puede decir que no está la infelicidad en la lista. Pero en la lista del fruto del Espíritu (vs. 22,23) encontramos: amor, gozo, paz… Lo opuesto de gozo es la falta de felicidad / contentamiento, ¿no?

Si no estamos felices y contentos no tenemos gozo. Esto indica una vida carnal, no una guiada por el Espíritu Santo cuyo propósito es llenarnos de Sus mismas caracterísiticas de la santidad de Dios. Si yo quiero heredar el Reino de Dios, que “no es comida ni bebida sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Rom. 14:17), yo debería estar preocupado por cualquier infelicidad que me roba en mi vida diaria de esa herencia, la experiencia plena y abundante de la salvación presente.

Por supuesto, hay momentos cuando lloramos y estamos entristecidos. La muerte de un ser querido, de un amigo o de los inocentes; la maldad del mundo; la condición espiritual de los perdidos y de los cristianos derrotados; nuestros propios pecados, etc., son razones legítimas por las lágrimas y la tristeza. Pero no por mucho tiempo. Si se prolonga mucho se desliza a una tristeza carnal que nos debilita. Por esto el consejo de Esdras y los líderes en el día de llanto y arrepentimiento del remanente judío que había regresado del cautiverio en Babilonia fue: “No os entristezcáis, porque la alegría del Señor es vuestra fortaleza.” La alegría y el gozo son los sentimientos normales de un creyente lleno del Espíritu Santo. “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” (Fil. 4:4). “Estad siempre gozosos” (I Tes. 5:16). Con estas palabras Pablo nos amonesta a no vivir vidas carnales de infelicidad por razones egoístas.

Pablo tuvo tiempos de tristeza pero decía “…como entristecidos más siempre gozosos” (II Cor. 6:10) y revela que había “aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación“ (Fil. 4:11). Necesitamos aprender ese contentamiento cuando las cosas no son como nos gustan. Necesitamos obedecer el mandamiento de gozarnos, aun en tiempos difíciles o peligrosos (Mateo 5:12). Como cristianos necesitamos poder sentir dolor con los que padecen y gozo con los que son honrados, pues, estas son cosas externas de nuestro ego. Pero debemos guardarnos de toda infelicidad egoísta.

¿Cuál es la solución a esta lucha diaria con nuestra carne? La Biblia sólo ofrece una solución. Se expresa en una manera negativa y en una positiva. La negativa es: “Los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (Gál. 6:24). O, como Pablo dijo en Romanos 8:13: “…si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne viviréis.” La positiva es: “Andad en el Espíritu” (Gál. 5:16a). Si andamos en el Espíritu es porque estamos crucificando la carne por el Espíritu. Por esto Jesús dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lucas 9:23).

Amigos, no permitamos que la carne pecaminosa y rebelde nos quite la gran bendición del fruto del Espíritu. Reconozcamos que la infelicidad por alguna razón egoísta es síntoma de la carne activa. Cuidémonos de usar las acciones o las faltas de otros como una excusa para ser infelices. Es un truco sucio de Satanás disfrazar la carne como algo aparentemente bueno, como la preocupación por otros. Pero, ¿estoy realmente preocupado por su condición, o cómo ella me afecta a mí? “Allí está el detalle” del egoísmo disfrazado.

Dios quiere que estemos felices en el Señor y no en nosotros mismos, o sea, en la naturaleza propia. Su gozo es el verdadero fruto del Espíritu que glorifica a Dios y no al hombre. Podemos tener ese gozo, esa alegría, esa felicidad siempre…que andamos en el Espíritu y no en la carne.

Abrazos, Samuel