La Oración_Clark

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la oración – Samuel Clark

Queridos amigos del Camino:

La oración es uno de los temas mayores de la doctrina bíblica porque es una de las necesidades y delicias más grandes que Dios ha otorgado al hombre. Pero muchos maestros modernos son muy parciales en su presentación de este privilegio y deber de la vida cristiana. Muchos de los testimonios que escuchamos presentan sólo un lado de este asunto: oraciones contestadas milagrosamente. Sería igualmente culpable si no presentara el otro lado de la experiencia y de la enseñanza, o sea, las oraciones no contestadas como nosotros esperábamos.

¿Por qué no contesta Dios algunas de nuestras oraciones? Si dijéramos la verdad, creo que todos tendríamos que admitir que muchas no fueron contestadas como nosotros deseábamos – ¡y qué bien! Viendo para atrás, yo puedo ver que muchas oraciones mías no eran la voluntad de Dios. Procedían de mi ignorancia o deseos carnales. ¡Qué bueno que Dios no me contestara aquellas peticiones tontas!

Pero aparte de que no sean de la voluntad de Dios por ser “cosas malas”, hay muchas peticiones “buenas” que Dios no quiere contestar como pedimos porque El tiene algo mucho mejor en mente para nosotros. Recuerden la historia del buen Rey Ezequías. Se puso enfermo de muerte y seguramente estaba orando por una sanidad divina, como todos haríamos en su lugar. Dios envió a Isaías para decirle que pusiera en orden su casa porque ya se moría. Noten, amigos: a veces es la voluntad primaria de Dios la enfermedad y/o la muerte de Sus santos (Salmos 116:15 y 2 Reyes 13:14 si quieren ver un caso), no importa lo que digan los maestros de la doctrina de “Sanidad y Prosperidad”. La muerte de un cristiano puede y debería glorificar a Dios (Juan 21:19; Fil. 1:20-24). No debemos buscar la muerte pero sí debemos buscar Su gloria si ésta es Su voluntad. Pero Ezequías lloró amargamente. Le recordó a Dios de su buena vida para que no le dejara morir. Insistió tanto que de nuevo Dios le envió a Isaías para prometerle que iba a sanar y ver victorias sobre los invasores asirios durante 15 años más de vida.

Para ponernos en el lugar de Ezequías veamos su situación: un buen rey que hizo muchas reformas, tenía sólo 39 años de edad y no tenía heredero (ningún hijo de él se menciona). ¿Quién quiere morir a los 39 años? ¿Y sin hijo? Yo sentiría el mismo deseo. Pero antes de alabar a Dios por esta curación milagrosa, veamos los resultados. Durante esos 15 años Ezequías se volvió orgulloso (como muchos que han experimentado algún milagro) aunque se arrepintió después (2 Crón. 32:24-26). Lo peor que sucedió en esos 15 años fue el nacimiento de Manasés, el hijo heredero que tuvo el reino más malo (y más largo) en la historia de Judá y que trajo maldición al pueblo.

Mi opinión es que debemos tener cuidado con insistir, reclamar, confesar algo si no estamos seguros de que es la voluntad primaria de Dios, lo mejor que El pueda hacer, “lo bueno, lo agradable, lo perfecto”. En Salmos 106:14,15 leemos, “Se entregaron a un deseo desordenado en el desierto y tentaron a Dios en la soledad. Y El les dio lo que pidieron mas envió mortandad sobre ellos.” ¿Cuál fue su deseo tan desordenado? Carne. Sólo carne querían. No nos parece tan desordenado pedir carne, ¿no? Pero no era la voluntad de Dios y muchos murieron por eso. No por la carne en sí, sino por la gula que practicaron (Núm. 11:31-14). El maná era la voluntad primaria de Dios porque El sabía lo que harían con las codornices. Así también nosotros a veces pedimos lo que Dios sabe que no vamos a usar bien.

Nuestro Señor Jesús pidió tres veces que la copa de Su muerte en la Cruz por el pecado del mundo le fuera quitada. Luego pudo decir cada vez, “No lo que Yo quiero sino lo que Tú quieres, Padre”. Si nosotros decimos lo mismo sinceramente (no sólo de costumbre), Dios tiene toda la libertad de hacer Su voluntad primaria en nuestra vida, no algo no tan bueno o dañino.

Recuerden, amigos, que hay peticiones que hemos hecho que tienen mayor prioridad para Dios que otras que hacemos después. Por ejemplo, “El Padre Nuestro” tiene prioridad sobre “la oración de Jabés” tan buena. De hecho, la primera mitad del “Padre Nuestro” tiene prioridad sobre muchas oraciones que hacemos sin pensar. “Hazme santo y fructífero” tiene prioridad sobre “Hazme feliz y exitoso”.

Hay otras razones porqué Dios no nos hace todo lo que pedimos cómo y cuándo le rogamos.

Por brevedad he mencionado estas ideas basadas en 1 Juan 5:14,15 para que no entendamos mal esta promesa: “Y esta es la confianza que tenemos delante de El, que si pedimos cualquier cosa conforme a su voluntad, El nos oye. Y si sabemos que El nos oye en cualquier cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hemos hecho.” Si Su Palabra permanece en nosotros mediante la meditación y la obediencia, vamos a orar mucho más conforme a Su voluntad y recibiremos más de lo que pedimos (Juan 15:7)

A veces Dios va a decir “No es mi voluntad”. A veces es cuestión de esperar y perseverar mientras llegue el tiempo de Su voluntad. Lo importante es nuestra actitud de estar siempre queriendo que Su voluntad sea hecha en la tierra como en el cielo. La oración es un gran misterio ahora. Algún día lo entenderemos todo. Hasta entonces, sigamos orando guiados por Su Espíritu y Palabra, buscando Su voluntad.

Abrazos,
Samuel Clark