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Seguridad de Salvación_Clark

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La Seguridad de la Salvación – Samuel Clark

Queridos Amigos del Camino:

No hay una verdad más importante para vivir la vida cristiana que la doctrina de la seguridad de nuestra salvación basada en la Palabra de Dios, no en nuestras emociones ni en nuestra conducta diaria. Yo entiendo que cualquier verdad llevada a un extremo se convierte en error, y el error más peligroso es el que sale de la Biblia no entendida correctamente. Por esto quiero compartir con mis amigos esta gran verdad y corregir cualquier mala interpretación que tengamos. ¿Cómo? Señalando los pasajes de las Escrituras que debemos entender correctamente para tener una seguridad en Dios y lo que hizo, hace y hará por nosotros, y no en nuestros esfuerzos y obras, por buenas o malas que fuesen.

Si nuestra esperanza de salvarnos o vivir una vida victoriosa, abundante y fructífera está en nuestras obras estamos parados en arena movediza, o para cambiar la metáfora, “en la cuerda floja”. Sólo lo que Dios hizo en la muerte y resurrección de Cristo es el Evangelio, las Buenas Noticias para pecadores y para cristianos que quieren vivir bien. Algunos creen que son salvos por la gracia mediante la fe pero que son guardados, o salvos en el tiempo presente, por sus propias obras. Si esto es cierto, entonces son perdidos a menos que vivan vidas justas, santas y perfectas. Es ilógico creer que Dios nos salva al principio y luego que nos toque a nosotros salvarnos día a día. Las Buenas Noticias para Cristianos es que es igual para vivir la vida cristiana como fue para ser salvos de las vidas de perdición que vivíamos.

Romanos 5:1-11 enseña que hemos sido salvos, justificados, reconciliados y aceptados por Dios, y que ya nos dio Su amor eterno cuando nos dio Su Santo Espíritu (vs.1,2,9-14). También nos enseña que somos salvos, tenemos paz con Dios y entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes. Además, nos enseña que seremos salvos de la ira por Su vida en nosotros (vs.10,11). Estos tres tiempos de la salvación es una verdad que pocos entienden bien. Dios no nos salvó por un tiempito sino para toda la eternidad. Desde el momento que creímos en El hasta el presente, ha sido la gracia de Dios que nos salva y en el futuro es igual. Por Su gracia ya no hay condenación alguna de parte de Dios a los que están en Su Hijo Jesucristo (Rom. 8:1,30-39). 1 Pedro 1:3-9 enseñan las mismas tres salvaciones basadas en lo que Dios hizo, hace y hará por nosotros en Cristo. Nuestra seguridad tiene que estar basada en Sus promesas, no en nuestras débiles posibilidades humanas.

Lee Efesios 1:3-14 y anota todos los verbos en el tiempo pasado que muestran todo lo que Dios ya hizo para nosotros. ¿No será suficiente para salvarnos, guardarnos y llevarnos a Su gloria? Nos bendijo con toda bendición espiritual en Cristo (v.3), nos escogió en Cristo antes de la fundación del mundo, nos predestinó para adopción como hijos y herederos (vs.4,5). Nos redimió y perdonó (vs. 7,11). Nos ha sellado con el Espíritu Santo quien es nuestra garantía de nuestra herencia hasta que Dios nos redima finalmente en Su cielo (vs.13,14). Nuestra seguridad no puede descansar en nuestros propios esfuerzos.

I Juan fue escrita por el Apóstol Juan para que tengamos esta gran seguridad de nuestra salvación. Por esto comienza hablando de nuestra comunión con Dios que tenemos por la obra de Cristo. Esta bendición es condicional. Por esto la palabra “si” aparece tantas veces en el primer capítulo. Tenemos que andar en la luz como Dios está en luz para tener la comunión y el gozo que resulta de esta comunión (vs.5-7). Si pecamos y no confesamos nuestro pecado, la comunión se interrumpe. Pero cuando confesamos sinceramente nuestra falta Dios nos perdona y limpia de todo pecado (v.9). Y para remachar esta verdad, 1 Juan 2:1,2 nos muestra que nuestro Señor Jesucristo es nuestro abogado cuando pecamos. El es el que nos asegura del perdón completo porque El es el que tomó nuestro lugar en la cruz del Calvario, muriendo por nuestros pecados todos para que Dios nos aceptara como Sus hijos, y para nunca jamás acordarse de esos pecados (Heb. 8:12 y Heb. 10:17).

Pero una verdad llevada a un extremo contradice otras Escrituras y no puede ser la verdad porque se está interpretando mal. Por esto I Juan 3 dice que nadie puede decir que ha nacido de Dios si todavía practica el pecado (3:4-10). Hacer continuamente el pecado no es tener un pecado que nos enreda de vez en cuando, sino es practicar el pecado en su sentido general: no “un pecado” sino “el pecado” que por definición es infringir la Ley (v..4). Esto describe a una persona inicua, sin Ley, rebelde contra Dios y su voluntad revelada. No describe a un cristiano débil que cae…y cae…y cae, siempre con remordimiento y mucho temor de que haya perdido su salvación. Notemos, amigos, lo que dice el Espíritu de Dios: la persona que practica el pecado no ha nacido de Dios (v.9). Es como dijo Jesús en Juan 8:34: “El que hace (continuamente) el pecado, esclavo es del pecado.” Todavía no ha sido libertado por Cristo, por la verdad que hace libre (vs.32,36).

No podemos llevar la doctrina de la seguridad al extremo de decir que lo único importante es haber creído en Cristo y luego uno puede vivir como quiere. Creer en Cristo es entrar en Cristo y El en nosotros. Sólo esto produce la nueva creación que cambia cómo vivimos (2 Cor. 5:17). Por esto el Evangelio se tiene que predicar fielmente como Pablo explicó a judíos y gentiles: la respuesta necesaria es el arrepentimiento para con Dios y la fe en el Señor Jesucristo (Hechos 20:21). Es lo único que Dios nos manda hacer para ser salvos, y es posible solamente por Su gracia que opera en los que se salvan. Si esta gracia no opera, o ven pero no entienden, no creen, no nacen de nuevo. Aun nuestro arrepentimiento y fe vienen de la gracia de Dios. ¿Cuánto más el poder vivir una vida nueva que agrada a Dios y perseverar hasta el fin en esta fe? Todo es por gracia. “Por la gracia de Dios soy lo que soy”, decía el gran Apóstol (1 Cor. 15:10).

Al decir que los que hemos creído y hemos nacido de nuevo vivimos vidas nuevas y practicamos la justicia como nuestro estilo de vida como hijos de Dios, no estamos diciendo que no va a haber pecados, o que somos todos perfectos, maduros discípulos del Señor. Este es otro error, una verdad llevada al otro extremo. Por esto tenemos las cartas de Pablo a los corintios y a los gálatas. En estas cartas vemos como Pablo llama a algunos hermanos “niños”, “carnales” y no espirituales, “necios” y los que viven según la carne y no el Espíritu Santo. Hay quienes dicen que “no eran cristianos”, pero Pablo dijo que son “niños en Cristo”, no que nunca habían nacido de nuevo (1 Cor. 3:1-5). Pablo mismo dijo que a veces hacía lo que aborrecía, lo que no quería hacer y que no hacía lo que deseaba (Rom. 7:14-25).

Así es, amigos, que esta seguridad de nuestra salvación no se basa en cómo nos sentimos, o en cómo nos hemos comportado en un momento. Se basa en la promesa de Dios en Cristo de dar la vida eterna a todos los que creemos en El únicamente y no nos confiamos en nosotros mismos. La evidencia de esa fe va a ser esa nueva vida, pero es lo que Dios hace para que otros vean que somos diferentes, luz en las tinieblas (Mt. 5:16). Vivamos por la fe con seguridad y agradecimiento al Señor.

Abrazos,
Samuel Clark