Fundamentos para la Familia 103

FUNDAMENTOS PARA LA FAMILIA CRISTIANA 103 – Samuel Clark

¿Cuál es tu ambición mayor?

Queridos amigos:

No hay cosa tan triste que un niño sin ambición, a menos que sea uno con ambiciones vanas (como las que se describen en el libro de Eclesiastés). Hay ambiciones vanas en todos nosotros, pues, es parte de la naturaleza humana soñar con cosas bonitas, un futuro dorado con éxito, una profesión, etc. Estas no deben ser las mayores ambiciones en un cristiano.

Un niño aprende a ambicionar de su cultura, pero el lugar más normal es de sus padres y familia. ¿Cómo describirías a un hijo tuyo tu mayor ambición? Es una pregunta que todo padre debería de hacer a sus hijos, mas temo que no es un tema muy comentado, aun en familias cristianas. A lo mejor, si un hijo nos hiciera esa pregunta, no podríamos darle una respuesta muy “cristiana” o tendríamos vergüenza en decirle la verdad.

No podemos forjar buenas ambiciones a menos que pensemos correcta y bíblicamente, primero a solas con Dios, luego con la esposa y por fin en familia. He aquí unas preguntas para considerar:

  • ¿Cómo quiero terminar mi vida? Es a saber, primero como cristiano, y luego como padre/madre, en tu profesión, etc.
  • ¿Es mi mayor ambición digna de dar mi esfuerzo, tiempo, dinero y oración para lograr?
  • ¿Es sólo algo personal o incluye a los que más quiero?
  • ¿Es algo que puede ayudar a otros a conocer a Dios?
  • ¿Por qué quiero esto? (Seamos MUY honestos con esta pregunta.)
  • ¿Puedo compartir esta meta con alguien que me ayudará a ser fiel hasta lograrla? (a parte de la
    familia)
  • ¿Cuál es más importante: la vida terrenal o la eterna?

Ahora, para ayudarnos en esta definición y compromiso, quiero compartir con Uds. algunas afirmaciones de personas en las Escrituras que tenían esta clara definición:

“Por eso, ya sea presente o ausentes, ambicionamos serle agradable” (II Cor. 5:9).

Pablo tenía clara su ambición mientras estaba en este mundo y aún cuando se ausentaría de él: serle agradable, agradarle en cada cosa que hacía, glorificarle o engrandecerle en la vida o la muerte (Fil. 1:19,20). Si esta es nuestra ambición mayor, nos ayudará preguntarnos siempre, ojalá antes de tomar decisiones y aun en el acto: ¿Esto agradará a mi Señor? ¡Cuántos errores y tragedias podríamos evitar con esta sencilla pregunta! Unos 15 ó 20 segundos de meditación en las posibles consecuencias de la decisión han sido muy importantes en mi vida y se lo recomiendo a todos mis amigos.

“Una cosa he pedido al Señor, y ésa buscaré: que habite yo en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor y para meditar en su templo” (Salmo 27:4).

David tenía muchas responsabilidades como rey, comandante del ejército, líder en la vida religiosa como autor y cantante de salmos de adoración, padre de una familia grande y juez de su pueblo, pero sabía que no podría prescindir de una diaria búsqueda de su Dios en oración y estudio de las Escrituras.

¿Lo sabemos nosotros? Temo que no, porque oigo tanto el refrán: “No tengo tiempo para leer la Biblia”. ¿Tienes tiempo para comer dormir, ver las noticias, ir al gimnasio….? ¿Y no tienes tiempo para Dios?

Es cuestión de prioridades, amigo. ¿Cuál es más importante? Jesús le dijo a la afanada Marta, quien quería que su hermana “floja” dejara de oír a Cristo para ayudarle con el trabajo de la cocina, “Marta, Marta, tú estás preocupada y molesta por tantas cosas; pero una sola cosa es necesaria y María ya escogido la parte buena, la cual no le será quitada” (Lucas 10:41,42).

Tenemos un Dios Creador y nos hizo con la capacidad creativa. Si nos ponemos a pensar, orar y preguntar a Dios qué hacer, es maravilloso lo que podemos crear para tener los tiempos con Dios que necesitamos. Pero si no es una prioridad, si no es una petición diaria de oración, no lo haremos. Pide al Señor y te dará ideas.

“Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra” dijo Jesús cuando Sus discípulos querían que comiera de lo que habían traído del pueblo de samaritanos. Los discípulos fueron por “pan material” pero Cristo tenía “pan espiritual” en el servicio de Su Padre. Todo el tiempo que ellos buscaban comida en el pueblo, El hablaba con la mujer samaritana del Reino de Dios. Ellos no pensaron en esa gente perdida sino en sus estómagos vacíos.

Una meta universal para todo cristiano debe ser compartir las Buenas Noticias a todos los perdidos. Nuestra lema en Los Navegantes es “Conocer a Cristo y darle a conocer” pero se pierde tantas veces en la satisfacción de nuestros deseos carnales. El diablo es experto en mantener nuestra atención fija en nuestros cuerpos – propaganda de toda clase nos bombardea con los deseos de la carne. El antídoto es la oración sin cesar, en todo tiempo, y la meditación de la Palabra de Dios.

Si nuestro gran deseo es servir al Señor, necesitamos desarrollar hábitos de la vida espiritual que son más poderosos que los viejos hábitos de la vida materializada del mundo externo que nos rodea. Tener el hábito de memorizar textos de la Biblia y estarlos repasando en los momentos disponibles es una forma de mantener el enfoque del espíritu en el Señor y en Su Reino, Su obra que sigue ganando “samaritanos” aquí en nuestro contexto cultural. Es sorprendente para mí cuántas de mis meditaciones en textos memorizados han resultado en cartas a mis amigos o mensajes.

Estos son apenas unos pocos ejemplos de ambiciones espirituales que deberían estar bien claras en nuestras mentes para buscar “lo mejor” y no sólo cosas buenas pero no tan importantes.

Amigos, guardémonos de ambiciones ruines aun en la vida espiritual. Santiago y Juan, motivados por su madre, buscaban los lugares No 1 y No 2 en el Reino del Mesías. Cristo los reprendió. Primero, porque no debemos buscar ser grandes sino ser como niños; y segundo, porque sólo el Padre sabe quienes van a estar en esos lugares en Su Reino. Yo creo que serán “Las Madre Teresas” que van a tener los lugares más altos porque sirvieron en los lugares más bajos en la Tierra. Dinero, fama, éxito, aún mucho fruto en el ministerio resultan ser ambiciones muy equivocadas. Cuidémonos de éstas poniendo en su lugar la ambición de ser el menor, el siervo de todos (Mateo 20:20-28).

Hermanos, tengan ambiciones, pero las mejores.

Abrazos, Samuel