Fundamentos para la Familia 108

FUNDAMENTOS PARA LA FAMILIA CRISTIANA 108 – Samuel Clark

el hogar cristiano y la evangelización

Queridos Amigos:

Dios creó el matrimonio cuando nos dijo: “Por esto el hombre dejará a su padre y su madre y se unirá a su mujer y los dos llegarán a ser una sola carne” (Gén. 2:24). Lo hizo porque tenía una tarea gigante para el matrimonio que uno solo no puede cumplir. Se necesitan dos, hombre y mujer, para fructificar y llenar la tierra de hombres y mujeres que harán lo mismo. Este es un hecho maravilloso que contemplamos en los millones de millones de personas que habitan el Plantea Tierra. ¡Hasta un punto de una sobre repoblación actual!

Pero hay otra tarea que Dios ha dado a la pareja: la multiplicación espiritual de la familia de Dios. Aquí hubo un fracaso terrible, y para la novena generación después de Adán y Eva, en la generación de Noé sólo había ocho justos que Dios salvó en el Diluvio. Todos los demás eran injustos en gran manera. Los ocho se multiplicaron naturalmente otra vez, y el mismo resultado siguió terminando en la Torre de Babel. Nimrod convenció a la raza humana a construir esa torre para alcanzar al Cielo. Dios confundió la lengua común en muchas lenguas y los dispersó en grupos y culturas distintas.

Sin embargo, Dios tenía un plan de salvación para la raza humana que necesitaba la pareja otra vez. Desde Génesis 3:15, después de la caída del hombre, Dios prometió que un hijo de la mujer pisaría la cabeza de la serpiente (Satanás materializado), o sea, resultado de la unión del hombre y la mujer para producir una línea santa que en el tiempo sería la raza por la cual el Salvador nacería. Abram y Sarai fueron la pareja que recibió esta tarea. Dios prometió que un hijo de ellos sería para la bendición de todas las naciones (Gén. 12:1-3; 22:18). Así la raza de los 12 hijos de Jacob (Israel) fue la que daría al mundo el Salvador, el Mesías (el Ungido) que Dios usaría para vencer a Satanás.

Ahora, hubo necesidad de un cambio de método, pues, Jesús no nació de la unión sexual de José y María sino de la encarnación del Hijo de Dios en la matriz de María. La Biblia dice que el Eterno Verbo, el Creador mismo, se hizo carne humana y habitó entre los hombres (Juan 1:1-14). Filipenses 2:5-8 enseña que el Hijo Eterno existía en forma de Dios pero se despojó de sí mismo… haciéndose semejante a los hombres para poder morir por nuestros pecados y librarnos de la condenación por la fe en Jesucristo. Este gran hecho permitió a Dios reconciliar al mundo consigo mismo, no tomando en cuenta nuestros pecados, para ser hechos hijos de Dios (2 Cor. 5:19; Juan 1:12). Por esto, la pareja cristiana ahora es el instrumento de Dios para multiplicarse y llenar la tierra de cristianos, no por el nacimiento natural, sino por el sobrenatural de la simiente divina sembrada en los corazones por la predicación del Evangelio (1 Pedro 1:23-25). Los hijos de Dios nacen individualmente por la fe, no por un nacimiento material, sino por el Espíritu (Juan 3:3-8).

La pareja cristiana es muy importante en este plan de la multiplicación espiritual. El hogar formado por una pareja de cristianos comprometidos con Cristo es el ambiente más propicio para la extensión del Reino de Dios. Más importante y efectiva que la iglesia local: mucho mejor que las campañas evangelísticas o los programas de radio y televisión (que cuestan tanto dinero y tienen que pedir las ofrendas de cristianos para poder estar en los hogares – y la mayoría de los que escuchan ya son cristianos). En cambio, el hogar cristiano comprometido con el plan de la multiplicación espiritual es un faro de luz en las tinieblas de este mundo. Es un testimonio visual y audio a la vez, si es verdaderamente cristiano en su conducta y testimonio verbal.

Este plan divino para evangelizar al mundo es posible solamente si es fiel a la Palabra de Dios, tanto el Evangelio de Salvación únicamente por Cristo, como el modelo bíblico para el hogar que encontramos en las cartas apostólicas. Ese modelo de una mujer sumisa a su marido con respeto de su liderazgo, y un hombre que ama a su mujer con el amor AGAPE que busca el bien de ella antes que el suyo, y la sirve como su líder fiel. Este modelo es una copia de la sumisión de la Iglesia a Cristo y el amor AGAPE de Cristo para la Iglesia. Es un hogar que cría hijos creyentes por la enseñanza de la Palabra de Dios (como Timoteo fue enseñado por su madre y abuela – 2 Tim. 1:5 y 2 Tim. 3:14,15).

Me he preguntado: ¿Por qué no vemos más éxito en la evangelización en el hogar cristiano?

Es un hecho que hay tantos divorcios en parejas “cristianas” que en parejas no-cristianas. Es una triste realidad que muchos hijos de hogares “cristianos” no sigan en la fe después de salir de sus casas.

He llegado a la conclusión de que la mayoría de los hogares “cristianos” son el producto de un “Evangelio Lite” que no predica una conversión sino una “bendición” material y emocional. Tal evangelio no cambia a los que creen esa doctrina falsa. Cuando hay problemas, no hay compromiso y se separan para buscar la felicidad con otro. O puede ser porque hubo un nuevo nacimiento pero no hubo un discipulado verdadero. El discipulado común es “información”. El verdadero es “formación espiritual en la semejanza de Cristo”. Si no ha habido esta renovación de nuestro ser, vamos a vivir en la carne, haciendo las obras de la carne, no las del Espíritu de Dios (Gál. 5:16-25).

Los que no han sido discipulados verdaderamente jamás podrán seguir el modelo de la sumisión de la esposa y el amor del esposo, pues, son egoístas y quieren los beneficios sin el costo de una vida entregada a seguir a Cristo. El pasaje clásico para aprender este modelo es Efesios 5:20-33. Léelo y pregúntate: ¿Estoy viviendo así con mi cónyuge? El sólo leerlo en el mundo moderno produce reacciones fuertes de mujeres como de hombres. ¿Quién puede vivir así? Me dicen: “Esto fue para los judíos y los primeros cristianos. No sirve hoy.”

Créeme, los griegos y romanos pensaban igual, pero el poderoso mensaje del Evangelio los cambió y comenzaron a vivir así por el poder del Espíritu Santo. Lo que pasa es que se enseña esta parte de Efesios 5 pero no el contexto que comienza en 4:17 y corre hasta 6:18. Lee todo esto y verás que el mandamiento de Dios siempre viene acompañado con el poder divino para obedecerlo. Dios nunca nos dice qué hacer sin explicarnos cómo hacerlo.

El contexto explica que es necesario aprender a Cristo para poder vivir Su vida, dejando nuestra vieja conducta y poniéndonos la nueva naturaleza que El nos da en cada área de la vida: el matrimonio, la familia, el trabajo y nuestra vecindad. Esto es imitar a Dios y Su amor en vez de seguir la vida egoísta de este mundo pecaminoso. Es ser diferentes. Es ser Su luz en las tinieblas. Es pelear con los poderes espirituales de maldad para vencer a Satanás en el poder de Cristo. Cuando estamos viviendo así, los mandamientos en cuanto al hogar no nos parecen extraños ni exagerados, sino lógicos y buenos.

Amigos, Dios no quiere que reproduzcamos hogares débiles, carnales y vergonzosos, sino gloriosos ejemplos del amor de Cristo por Su Iglesia. ¿Cómo está tu hogar? Yo tengo que preguntarme: ¿Cómo está mi hogar? Después de 48 años juntos, todavía es una lucha vivir en pareja como Cristo nos ordena. Pero te aseguro, amigo: ¡Vale la pena! Todo lo que Dios quiere es “bueno, aceptable y perfecto”. No hay otra meta digna de nuestro Dios y Su gran salvación. Así quiere Dios bendecirnos y multiplicarnos para la extensión de Su Reino. Que Dios nos ayude a experimentarlo plenamente.

Abrazos, Samuel