Fundamentos para la Familia 119

FUNDAMENTOS PARA LA FAMILIA CRISTIANA 119 – Samuel Clark

hijos sabios

Queridos Amigos:

Como padres somos, y debemos ser, preocupados por la educación de nuestros hijos. Como en todo, hay dos extremos dañinos: demasiado preocupados por la mejor educación o muy poco interesados en ella. La palabra “preocupado” es la que inquieta hoy. Parece que hay muchos padres que creen que deben invertir pequeñas fortunas en esa parte de la vida de sus hijos con poco o nada de interés en los otros aspectos. Si tuviesen tanto interés en sus vidas espirituales, sociales y físicas como en la parte intelectual, tal vez no tendríamos tantas tragedias familiares en los años de la adolescencia y de adultos jóvenes.

Dicen las Escrituras que Jesús “crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre El” (Lucas 2:40). Me parece obvio que creció físicamente (y normalmente). Implícito están incluidos el alimento bueno, el ejercicio, el descanso y la libertad de costumbres adictivas que afectan la salud. Los padres somos responsables por este aspecto de nuestros hijos en sus años de desarrollo físico. Pero vivimos en una época de comidas y bebidas dañinas y hasta drogas disponibles en las secundarias (y en algunas primarias). No preocuparnos de ellos con tales peligros que los acosan es un crimen contra ellos. No me toca educarlos sobre la alimentación, sólo exhortarlos a estudiarlo y dar a sus hijos lo que es bueno, sano y agradable a Dios.

También la frase “llenándose de sabiduría” debería interesarnos. Educación secular no es equivalente a “sabiduría” Hay dos clases de sabiduría, la terrenal y “la de arriba” (Santiago 3:13-18). Si tomas el tiempo de meditar en estas dos clases de sabiduría vas a ver que la diferencia está no en cuánto se sabe sino en la conducta del individuo (vs.13). La terrenal produce celos amargos, contenciones, etc. que muestran una influencia de mentiras satánicas (vs14-16). La que es de lo Alto es pura, pacífica, amable, benigna, misericordiosa y fructífera (sin incertidumbre ni hipocresía) con frutos de justicia y paz (vs.17,18). Curioso, ¿no? Hasta que examinemos la educación secular cuidadosamente encontramos cómo llena las cabezas de los educandos con orgullo, prejuicios, y ciencias que abren las puertas a toda clase de maldad. No es casualidad que la mayoría de los criminales son graduados universitarios o hábiles tecnócratas que pueden usar la ciencia para el mal. El problema de la educación secular es que carece de moralidad práctica. Hay unas excepciones notables, casi todas por la influencia cristiana.

Entonces, esa preocupación por la “mejor educación” puede ser un “boomerang” que vuelve a pegar a los papás no preparados a ayudar a sus hijos a conocer el bien y el malo. Para los que no saben, el boomerang australiano es un arma. No es un juguete. Es un arma arrojadiza que tirada, se regresa sobre el que la tiró. Parece que hay una mentalidad atea detrás del secularismo moderno que hace este “efecto boomerang”. Esa buena educación que costó tanto puede hacer mucho daño a la familia, separando a los hijos de la influencia espiritual de sus padres o de grupos cristianos que tratan de ayudarlos. ¿Qué quieres para tu hijo? ¿Su educación en un ambiente que no tiene un espacio para Dios? Los padres debemos de escoger las escuelas que pueden dar, o por lo menos no obstaculizar, este aspecto de la educación moral y espiritual, o vamos a tener problemas grandes más adelante – algunos los tenemos ahora mismo.

Como asegurado del Seguro Social Mexicano, me toca pasar mucho tiempo en colas o salones de espera para conseguir una consulta, medicamentos o papelería. Observo la gente y me doy cuenta que hay pocos ejemplares realmente hermosos de la raza humana como igual pocos ejemplos de la fealdad grotesca. La inmensa mayoría de la gente en el IMSS es normal y de todos los tamaños, colores y formas. Creo que esto es lo que Pablo quería comentar sobre la Iglesia del Señor cuando dijo “no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos ni muchos nobles” en ese pueblo común. El por medio incluye todos los hombres y pocos son excepcionales, ni genios, ni guapísimos, ni grandes atletas, ni artistas famosos.

Sin embargo, los padres creemos que podemos hacer genios y éxitos grandes de nuestros hijos enviándolos a ciertas escuelas. En primer lugar, nadie puede hacer un genio, como no puede hacerlo rubio y guapo y alto porque es genético, es una anormalidad. Einstein no podría pasar el examen de admisión a la mayoría de las universidades modernas. Tampoco es el “éxito” algo que podemos asegurar. Ejemplo de tantos fracasos que salen de esas escuelas a pesar de tener todo el apoyo económico para triunfar. Son cualidades que tienen que ver con la manera de pensar y no lo que uno sabe o estudia. Amigos, la mejor educación es la que enseña a pensar. Por esto fracasamos como padres, como maestros y organizaciones.

Si Jesús es nuestro ejemplo en esto, como en todo lo demás, es importante observar cómo Él se llenó de sabiduría. En la sinagoga (casa de oración y enseñanza de las Escrituras) y en el hogar piadoso de María y José. Aprendió de memoria toda la Torah (los cinco libros de Moisés) más largos pasajes proféticos y poéticos como hijo primogénito dedicado a Dios en Su niñez y educado en esa cultura profundamente religiosa. En Su tentación en el desierto citó tres pasajes de Deuteronomio de memoria. En el Templo, a la edad de 12 años, confundió a los rabinos y escribas con Sus preguntas y comentarios sobre el Reino de Dios. Si nosotros descuidamos esta parte de la educación de nuestros hijos les estamos preparando sólo mentalmente y no como hombre completo.

La otra parte que recibió de Sus padres y maestros era “la gracia de Dios”. Lucas 2:52 añade “y los hombres”. Esa gracia de una relación buena con Su Padre celestial y con sus padres humanos, familiares, vecinos y paisanos era la meta de la educación paternal. Lo espiritual y lo social vienen de la misma fuente, el hogar. El compañerismo con Dios y la comunidad es el resultado de un hogar íntegro, no de uno dividido o disfuncional. Padres o maestros ausentes no pueden crear este ambiente necesario para el aprendizaje de algo tan importante. Estos valores son el efecto de ejemplo primero y luego de palabras. Y las palabras más efectivas son las que contestan las preguntas e inquietudes de los hijos. Este era el método de los antiguos hebreos que todavía se puede observar en hogares judíos piadosos como en hogares cristianos. Pero, padres, las respuestas necesitan ser fundadas en las Escrituras y no en costumbres o tradiciones humanas. Urge que los padres sean discípulos de Jesús para hacer de sus hijos Sus discípulos también. Conocimiento de las Escrituras es la clave. Jesús acusó a los religiosos de la falta de este conocimiento (o entendimiento) cuando dijo: “Estáis equivocados por no comprender (saber) las Escrituras ni el poder de Dios” (Mateo 22:29). ¿Cuántos de los padres cristianos modernos no somos iguales?

En fin, sólo puedo animarles a mis amigos a proveer a sus hijos lo que falta hasta en las mejores escuelas. Ese elemento que no está en ninguna institución de este mundo, el terrenal. Busca a Dios y de Dios lo que necesitan sus hijos y encuentra la manera práctica y efectiva para educarlos y proveerles la parte espiritual. Prepárense para proveerlo porque a lo mejor no lo recibieron tampoco. Y prepárense para una pelea espiritual. El diablo no está nada contento con la educación divina y tratará de oponerse a ella en todas las formas posibles.

Pero mayor es El que está en/con nosotros que el que está en el mundo (1 Juan 4:4). Nuestro Señor pelea nuestras batallas si le pedimos y confiamos sólo en El. Que seamos todos fieles en esta parte que nos toca y creamos en El para lo que sólo Él puede hacer.

Abrazos, Samuel