Fundamentos para la Familia 34

FUNDAMENTOS PARA LA FAMILIA CRISTIANA 34 – Samuel Clark

La Vida Genuinamente Cristiana

Queridos amigos casados:

Cada día estoy más convencido de que el Reino de Dios debe ser una realidad en nuestros hogares si vamos a poder extender el Reino a otros. Uno de los graves problemas que vemos hoy en día es que, a la prueba de la práctica, no hay mucha diferencia entre familias “cristianas” y las familias típicas de la cultura de este mundo. Hay casi tantos pleitos, problemas, infidelidades y hasta divorcios en algunas ciudades, regiones y países entre las familias “cristianas” que entre las que no practican ninguna religión.

Digo “cristianas” por esta razón: si alguien les preguntara en una encuesta de qué religión son, dirían “cristiana”. Por no ser musulmán, budista, hindú o ateo, dicen que son cristianos. ¿No debemos definirnos como cristianos verdaderos con hechos verídicos que muestran que practicamos la fe en el Señor Jesucristo y obedecemos a Dios en nuestros hogares? Si vamos a testificar algo, tenemos que vivirlo. Debería ser visible a todos que somos “diferentes” que los que sólo dicen pero no practican las enseñanzas de Jesús.

Es bueno ir a los templos para adorar a Dios pero ese no es el lugar donde tenemos que brillar como luces en el mundo oscuro. En un salón o santuario donde hay muchos cristianos la luz es bonita pero el individuo o la familia no se ve mucho como luces. Es en las tinieblas de nuestro barrio o calle donde ha de mostrarse que somos cristianos por las obras buenas de amor que hacemos. Jesús dijo, “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16).

¿Qué hacemos que glorifica a Dios en nuestra familia? ¿Saben los vecinos que somos discípulos del Buen Maestro que nos enseña a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos? ¿Somos amigables, generosos, pacientes, serviciales, agradecidos, humildes y mansos como Cristo era en Sus contactos con el mundo necesitado? ¿Somos buenos vecinos y ciudadanos que respetamos las leyes y los buenos modales? ¿Somos pacificadores a los que están peleados? ¿Somos ayudadores de los ancianos, enfermos y pobres? ¿Somos consoladores de los que están sufriendo tristezas? ¿Somos amantes para con los que no nos tratan bien? ¿Somos buena propaganda para el Reino de Dios…. o una piedra de tropiezo? Esto es lo que quiere decir “alumbrar en las tinieblas”. Esto es ser diferente en lo que realmente cuenta como testimonio de nuestra fe en Cristo.

Considera estas exhortaciones:

  • 1 Juan 2:6 – “El que dice que permanece en El, debe andar como El anduvo.” ¿Cómo anduvo Cristo? Pedro dijo a Cornelio y los gentiles que Cristo “anduvo haciendo el bien”. ¿Cuáles bienes estamos haciendo en un mundo tan necesitado del bien? ¿Es nuestro hogar un centro de “bien”?
  • 2 Corintios 2:14 – “Pero gracias a Dios, que en Cristo, siempre nos lleva en triunfo y que por medio de nosotros manifiesta en todo lugar la fragancia de su conocimiento.” ¿A qué olemos a los que nos rodean? ¿Hay una aroma de Cristo en nuestro hogar?
  • Romanos 14:17 – “Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo. “

Es fácil hablar de lo que está mal con el gobierno y los corruptos, pero ¿mostramos la justicia divina en nuestras familias? La manera en que nos tratamos unos a otros también es la justicia de Dios en práctica si no mentimos, no nos enojamos, no cometemos adulterio, no robamos, etc. ¿Hay paz en nuestro hogar? La gente puede sentir esa paz o la falta de ella al cruzar el umbral de nuestra casa. ¿Hay gozo del Espíritu evidente en nuestra familia? No el gozo de este mundo sino el interno que nos hace gozar siempre en cada situación, aún las más difíciles, porque El está con nosotros. ¿Podemos decir con Cabral: “Ser feliz es el color de mi identidad”?

Amigos, si no estamos dando un testimonio positivo es al revés. Es como Pablo dijo a los judíos incrédulos: “Porque el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles a causa de vosotros, tal como está escrito”. (Lee Romanos 2:17-24 sustituyendo el nombre “cristiano” por judío para ver cómo suena.) Es cosa seria ser tropezadero en vez de un buen ejemplo que otros quisieran seguir.

¿Cuál es el secreto de esta clase de hogar lumbrera? La presencia de Cristo allí con nosotros. Se nota en las conversaciones cuando Su Nombre se dice con reverencia. Se nota en la fe que lleva todo problema a Dios en oración y no se queja de todo sino da gracias a Dios por todo. Se nota en Sus bendiciones espirituales y materiales que se manifiestan tal como Dios ha prometido. Se nota cuando la Biblia no se esconde sino se expone, se lee, se estudia y se obedece. Se nota en que ese hogar es un lugar de compañerismo con otros cristianos y de evangelismo de los amigos no cristianos en un ambiente de amistad.

Escúchame, amigo y hermano. Ese hogar verdaderamente cristiano debe ser una fábrica de discípulos de Jesucristo. Empezando con nuestros propios hijos, luego con sus amigos y los papás de ellos, con nuestros amigos y familiares que lo frecuentan y con los vecinos que nos observan. Yo he visto muchas familias que son así. Créeme. Es posible. Es un hecho en muchos. No es algo inalcanzable para ti, amigo.

Pero mi pregunta es: “¿Es tu familia esta clase de buena profesión delante de muchos testigos?” (1 Tim. 6:11,12). ¿Es mi familia una luz en la oscuridad? Cada uno tiene que hacer esta evaluación y luego hacer los cambios necesarios y proclamar de nuevo como Josue en 24:15:

“Y si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién habéis de servir …pero yo y mi casa, serviremos al Señor.” Cuando hizo este reto al pueblo, ellos respondieron que también ellos iban a servir a Dios de todo corazón … y lo hicieron durante todas sus vidas. Pero no pasaron esa misma pasión a sus hijos. Cuando esa generación murió, las siguientes generaciones dejaron al Señor y tuvieron que ser castigados por Dios.

Si hemos de ver una multiplicación de hogares cristianos de buen testimonio y fruto, tenemos que seguir predicándonos el Evangelio a nosotros mismos y a nuestros hijos todos los días. El Evangelio es poderoso para salvar a los que lo creen en verdad y lo practican siempre. Estoy convencido de que el error de los israelitas de la primera generación después de Moisés y Josué fue que no enseñaron a sus hijos a conocer a Dios. Dice Jueces 2:10: “También toda aquella generación fue reunida a sus padres; y se levantó otra generación después de ellos que no conocía al Señor, ni la obra que El había hecho por Israel.” Muchas veces Moisés les había dicho que tenían que discipular a sus hijos y a los nietos también. ¿Qué pasó? Tal vez no fallaron en las cosas de la religión pero les faltaba congruencia, integridad, fidelidad y devoción a Dios en sus casas. Conocer a Dios es creerle y servirle en su vida personal y familiar ante todo. Que no nos pase lo que Pablo dijo de algunos: “Profesan conocer a Dios, pero con sus hechos lo niegan…” (Tito 1:16).

Que Dios nos avive el fuego de esta fe en Cristo.

Abrazos,
Samuel