Fundamentos para la Familia 58

FUNDAMENTOS PARA LA FAMILIA CRISTIANA 58 – Samuel Clark

Manteniendo Buena Comunicación 2

Queridos amigos:

Quisiera continuar con el tema de la comunicación familiar del mes pasado en el libro de los Proverbios. Hemos visto algunos puntos importantes pero hay otros que necesitamos entender para poder usar la lengua para bien y no para mal. Si mantenemos firme nuestro propósito de agradar a Dios en todo lo que hacemos, podemos glorificarle con nuestras vidas (1 Cor. 10:31 y Col. 3:17). La clave es la mente, o sea, nuestro corazón, de donde salen tanto las palabras como los hechos. Proverbios 4:23 dice: “Con toda diligencia guarda tu corazón porque de él brotan los manantiales de la vida.” Aquí está la importancia de tener el corazón lleno de la Palabra de Dios para que nos limpie y guíe en todo lo que hacemos o decimos. “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra. En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti” (Salmos 119:9,11). Si no estamos haciendo todo lo posible para llenar la mente de Su Palabra, no va a ser posible controlar nuestro hablar.

Ahora bien, regresando a Proverbios, vamos a continuar con más principios importantes para nuestra comunicación:

5. “Del hombre son los propósitos del corazón, mas del Señor es la respuesta de la lengua” (Pro. 16:1). Todos nosotros tenemos muchas opiniones, creencias, ideas y planes para nuestras vidas y desgraciadamente para las de otros también. Esto crea un problema porque muchas veces nuestra comunicación es sólo al nivel “humano”, o sea, la carne humana está hablando. La buena comunicación es la que viene del Señor para iluminar nuestro corazón con palabras espirituales. La respuesta divina muy raras veces es la que está en la punta de la lengua. Más bien, es la que se piensa primero, se compara con la Palabra de Dios y se pide confiando en el Espíritu de Dios. Qué bueno sería si todos practicáramos diariamente la oración de David: “Sean gratas las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón….” (Salmos 19:14).

6. “El sabio del corazón será llamado ‘prudente’. y la dulzura de palabras aumenta la persuasión… pañal de miel son las palabras agradables, dulces al alma y salud para los huesos” (Pro. 16:21,29). Especialmente en el círculo familiar necesitamos esta disciplina para guardar nuestros labios de palabras groseras, ásperas, griterías y necedades (Efesios 4:29). No sé por qué es que cosas que nunca diríamos en público o con gente que apreciamos lo decimos en el seno del hogar. Donde deberíamos tener más respeto y cuidado de no lastimar es donde es más común oír palabras feas e indignas de un cristiano. Yo sé que esto es un problema en muchos hogares de cristianos hoy en día y creo que es porque no hay un temor de Dios en nuestro tiempo de costumbres mundanas aprendidas del cine, la TV, las novelas y la calle, y traídas al hogar. ¿Está Dios en nuestro hogar? ¿No le entristece mucho oírnos? ¿Cómo serían nuestras familias si nuestra comunicación fuera siempre una dulzura, dulce como la miel? Así debe de ser, amigos.

7. “Muerte y vida están en poder de la lengua…” (Pro. 18:21). Esta frase es aterradora cuando la aplicamos a la comunicación familiar. ¿Sabes que tus palabras pueden matar? ¿Cuántas palabras críticas, mentirosas, hirientes han matado el amor de la pareja? ¿o el cariño que los hijos tenían para sus madres o padres? Se ha comprobado que las rencillas y pleitos han causado enfermedades serias y hasta mortales. Muchos asesinos hay que nunca serán acusados ante los tribunales porque asesinaron con sus palabras, no con armas de fuego. Pero, ¿sabes que tus palabras pueden ser de vida también? Pueden dar vida y salud mental y física o de vida espiritual. Las palabras de vida son las que Cristo nos enseña porque, como Pedro dijo una vez, “Tú tienes palabras de vida eterna.” Sí, amigos, la comunicación familiar es un asunto muy serio. Debemos estar siempre compartiendo Su Palabra en la familia.

8. “El que guarda su boca y su lengua guarda su alma de angustias” (Pro. 21:23). La angustia del alma más grande para muchos cristianos es la que fue el resultado de malas comunicaciones en su hogar. Las palabras negativas son recordadas y queman como carbones encendidos en el alma. Es terrible cómo los cónyuges pueden citar, palabra por palabra, lo que dijeron sus parejas en momentos de enojo cuando se perdió el control de la lengua. En el capítulo 3 de su epístola Santiago escribió elocuentemente sobre el problema de guardar la lengua. Léanlo y mediten en sus enseñanzas sobre este problema:

¿Cuál es la marca de un hombre maduro? (Santiago 3:2)
¿Cuáles son los peligros de una lengua no refrenada? (Santiago 3:5,6,8)
¿Por qué debemos evitar las malas comunicaciones? (Santiago 3:9-12)

Amigos queridos, hay mucho que aprender acerca de la buena comunicación en la familia. Hemos visto sólo un poco de lo mucho que habla Proverbios y toda la Biblia del uso de la lengua y del poder para bien o mal de nuestras palabras. Lo que espero, con la ayuda de Dios, es hacernos todos más conscientes de nuestra necesidad de la gracia del Señor en esta área de nuestra vida cristiana para que seamos congruentes e íntegros como hijos de Dios en un mundo corrupto de raíz en las comunicaciones.

Tal vez, como Isaias 6:5 necesitamos confesar a Dios:

“¡Ay de mí! Porque perdido estoy,
pues soy hombre (mujer) de labios inmundos
y en medio de un pueblo (mundo) de labios inmundos habito.”

El Señor nos puede limpiar nuestros labios y corazones por el poder de la sangre de Cristo (1 Juan 1:9) y del Espíritu de Dios quien es el Espíritu de poder, amor y dominio propio (2 Tim. 1:7).

¡Así sea, Señor!

Abrazos,
Samuel