Fundamentos para la Familia 99

FUNDAMENTOS PARA LA FAMILIA CRISTIANA 99 – Samuel Clark

Perdonando a Otros

Queridos Amigos:

¿Has sentido a veces que aun cuando has confesado a Dios tu pecado, como nos instruye 1 Juan 1:9, sigues sintiendo una distancia entre tu alma y Dios? Tal vez es porque el pecado que estás confesando así no es únicamente un pecado personal entre tú y Dios sino uno que involucra a otra persona. Entonces hay otra dimensión del problema y para restablecer la comunión con Dios hay otra dinámica necesaria. Mira estos pasajes y ve si entiendes tu problema mejor:

Mateo 5:23,24
“Por tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar, y ve, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.”

Mateo 6:12,14,15
“Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores…Porque si perdonáis a los hombres sus transgresiones, también vuestro Padre celestial os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras transgresiones.”

Mateo 18:21,22,35
“Entonces se le acercó Pedro, y le dijo: Señor, ¿cuántas veces pecará mi hermano contra mí que yo haya de perdonarlo? ¿Hasta siete veces? Jesús le dijo: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete…Así también mi Padre celestial hará con vosotros, si no perdonáis de corazón cada uno a su hermano.” (Marcos 11:25,26 también.)

Me costó años aprender a perdonar a otros para luego recibir el perdón de Dios y la paz en mi corazón. La lógica divina es que si yo vengo a confesar mi pecado, y no he confesado mi pecado de no perdonar, Dios espera hasta que arregle aquello primero. Aquí vemos aquellos pecados que involucran a dos o más personas que se ofenden unos a otros. La dinámica necesaria es primero perdonar al que me ofendió y luego puedo pedir perdón a Dios como en el Padre Nuestro.

¿Por qué es necesario este perdón doble? 1 Juan 1:3 dice así: “lo que hemos visto y oído, os proclamamos también a vosotros, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y en verdad nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo.” La comunión se establece con la predicación del Evangelio y el Nuevo Nacimiento de un hijo de Dios cuando se cree el mensaje de salvación. Inmediatamente se establece una comunión bidimensional:

  • Personal con Dios
  • Interpersonal con otros hijos de Dios

Todos tenemos esa comuníón vertical y horizontal que debemos mantener andando en luz como Dios está en la luz (v.7). Cualquier pecado de acción, pensamiento, palabras o actitud necesita ser confesado rápidamente para restablecer la comunión con nuestro Señor. Pero si el pecado involucra a otro miembro del Cuerpo, debe haber un perdón de cristiano a cristiano para que podamos arreglar cuentas con Dios. Mateo 6:12 es muy claro en esto: el perdón nuestro de una ofensa de otra persona está hecho antes que la petición del perdón a Dios, “como también hemos perdonado a nuestros deudores”. El perdón se considera como algo ya hecho. El pecado aquí se describe como una deuda y el perdón es la cancelación de una deuda. Ya no me debe nada.

Lo que estamos viendo aquí es muy importante porque cuando más de una persona están involucradas en una ofensa, el daño es al Cuerpo de Cristo. Tantos cristianos piensan que lo único que tienen que hacer es confesar su pecado y Dios tiene que perdonarles. No entienden que el mismo Espíritu de Dios que mora en nosotros mora también en nuestros hermanos. Cuando Él está entristecido por los pecados entre hermanos, toda la familia sufre.

¿Por qué nos cuesta tanto perdonar? Nuestro orgullo nos hace resentir faltas personales muy fuertemente. Pero debemos recordar que Dios nos ha perdonado tantas veces y espera que hagamos lo mismo con otros. Efesios 4:32: “Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo.”

Nuestro gran problema con el perdón a los que nos ofenden es que no comprendemos el perdón de Dios en Cristo, el terrible precio que Él pagó para podernos perdonar. Si tienes problemas en perdonar a alguien que te ofendió, tienes problemas con Dios quien es “amplio en perdonar”, “compasivo, misericordioso, perdonador”. Dios quiere que seamos como El en todo.

Amigos, cuando no queremos perdonar a alguien, estamos diciendo que su pecado es más grande que el nuestro y que no merece el perdón. Si Dios te perdonó grandes pecados, ¿cómo puedes negar el perdón a tu hermano, no importa cuán “grande” que sea su ofensa?

Creo que esta enseñanza es especialmente importante en la relación matrimonial. ¡Cúan fácil podríamos arreglar el 99% de los problemas en la pareja si practicáramos esta regla divina! Pero ese orgullo no puede olvidar la ofensa personal y sigue oyendo en su mente las ofensas, insultos y maldiciones que en un momento de “locura” el cónyuge lanzara de su corazón. Quedan como heridas, pasan los días y se infectan, huelen mal y nos incomodan harto. Así que en vez de arreglar el asunto lo empeoramos con ataques de ira, a la vez autojustificándonos porque el otro lo merece por hacernos sufrir tanto.

¿No ves como Dios quiere que arreglemos estos asuntos rápidamente con el perdón gratuito, así como Dios perdona por gracia? Sí, cuesta humildad y mansedumbre, pero Cristo nos llama a aprender esto de El porque El era humilde y manso de corazón cuando vivió aquí entre nosotros, en nuestro mundo lleno de ofensas. Recuerda Su grito en la cruz: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.” ¿Es demasiado pedir que nosotros perdonemos a otros?

Admito que hay ofensas muy grandes que tenemos que aprender a perdonar por Su gracia en nosotros. Pero, El ha prometido ayudarnos a hacer Su voluntad si venimos a Él en humilde oración y fe en Su promesa: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13). “Todo” quiere decir “Todo”.

“Y el Dios de paz, que resucitó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor,
el gran Pastor de las ovejas mediante la sangre del pacto eterno, os haga
aptos en toda obra buena para hacer su voluntad…” (Heb. 13:20).

Abrazos, Samuel